¿Será el inicio del éxodo de poblanos del centro histórico?


El Centro Histórico de Puebla podría estar frente a una transformación mucho más profunda de lo que hasta ahora se ha reconocido.

La pregunta es inevitable: ¿la llamada reactivación del Centro Histórico terminará expulsando a los pequeños comerciantes y a los propios poblanos que durante décadas le dieron vida a esta zona?

La discusión comenzó a tomar forma con un caso que parece pequeño, pero que puede ser un síntoma de algo mucho mayor.

Donas y Churros Marilú, un negocio conocido por generaciones de poblanos, ya prepara su salida. El establecimiento ubicado en la esquina de la 16 de Septiembre y 11 Poniente dejará el inmueble en diciembre, después de que la renta pasó, según el testimonio de quienes operan el negocio, de 63 mil a 67 mil pesos mensuales.

Cuatro mil pesos más al mes.

Para una gran corporación quizá sea una cifra marginal. Para un negocio familiar que vende donas, churros, papas locas y otros productos de consumo popular, puede significar la diferencia entre permanecer abierto o bajar definitivamente la cortina.

Y aquí aparece la primera contradicción.

Se ha dicho que la transformación del Centro Histórico elevará el valor de las propiedades y permitirá a sus propietarios obtener mejores rendimientos. El propio alcalde José Chedraui ha señalado que el proyecto no contempla sacar a nadie y que el incremento en el valor de los inmuebles beneficiará a quienes rentan o venden.

Pero ¿qué ocurre con quienes no son propietarios?

¿Qué pasa con el pequeño comerciante que no puede absorber una nueva renta?

¿Qué pasa con la farmacia que apenas llevaba unos años en la zona y terminó cerrando?

¿Qué pasa con el negocio familiar que durante años atendió a trabajadores, estudiantes, vecinos y pasajeros del transporte público?

Ahí está el verdadero debate.

Porque gentrificación no significa únicamente que aparezcan edificios nuevos, restaurantes de lujo o departamentos modernos. También puede comenzar cuando los costos de permanecer en un barrio aumentan hasta hacer inviable la vida económica de quienes ya estaban ahí.

Y Puebla tiene antecedentes recientes.

En Paseo San Francisco también han cerrado establecimientos como una sucursal de La Michoacana, Smart Fit y Bronto, de acuerdo con trabajadores y reportes sobre la zona, en un contexto en el que se señalan incrementos en las rentas.

Mientras algunos negocios desaparecen, otros han optado por renovar contratos manteniendo temporalmente sus condiciones de renta.

Pero incluso ahí aparece otro problema: puede sobrevivir el negocio y, al mismo tiempo, morir la clientela.

¿De qué sirve tener locales abiertos si los habitantes dejan de acudir?

¿De qué sirve construir cientos de departamentos si quienes históricamente han vivido y trabajado en la zona ya no pueden pagar los costos de permanecer?

El proyecto impulsado por Grupo Carso contempla una transformación importante alrededor de Paseo San Francisco y el Barrio del Alto, incluyendo la construcción de departamentos, estacionamientos y espacios comerciales.

Desde la perspectiva de quienes impulsan la inversión, se trata de recuperar una zona con enorme potencial urbano y económico.

Y esa visión merece ser escuchada.

Pero también debe escucharse la otra parte: la de los comerciantes, vecinos y trabajadores que temen que el Centro Histórico termine convertido en un espacio cada vez más caro y menos accesible para los poblanos.

Porque hay una diferencia enorme entre reactivar una ciudad y sustituir a quienes le dieron vida.

El Centro Histórico no es únicamente un conjunto de casonas catalogadas, calles bonitas y fachadas coloniales.

Es la señora que vende, el joven que compra una dona antes de entrar a trabajar, el trabajador que toma el transporte público, el comerciante que lleva décadas pagando una renta, el estudiante que come barato y la familia que todavía encuentra ahí productos que puede pagar.

Si todos ellos terminan siendo desplazados porque las rentas se vuelven inaccesibles, entonces habrá que preguntarse qué clase de Centro Histórico estamos construyendo.

Uno más moderno, sí.

Pero también uno más caro y posiblemente menos poblano.

El caso de Donas y Churros Marilú podría ser solamente la historia de un negocio que decidió mudarse.

O podría convertirse en uno de los primeros capítulos de una transformación mucho más grande.

Por eso la pregunta queda sobre la mesa:

¿Estamos ante la reactivación del Centro Histórico de Puebla… o ante el inicio de un éxodo silencioso de los poblanos que durante décadas lo mantuvieron vivo?

Porque una ciudad puede aumentar el valor de sus inmuebles.

Lo verdaderamente difícil es aumentar su valor sin aumentar la distancia entre la ciudad y quienes la habitan.

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