Hay momentos en política en los que hasta el silencio hace ruido.
Y el caso de Filomeno Sarmiento Torres empieza a parecer uno de ellos.
El exalcalde de Cuautlancingo decidió acudir a la justicia federal mediante un juicio de amparo, registrado con el expediente 824/2026, ante el Juzgado Segundo de Distrito en Materia Penal en Puebla.
La demanda fue admitida el 28 de julio. El 4 de agosto se celebró la audiencia incidental y llegó el primer revés: el juzgado le negó la suspensión definitiva que había solicitado.
El acuerdo no dejó demasiado espacio para la poesía jurídica:
“ÚNICO. SE NIEGA LA SUSPENSIÓN DEFINITIVA SOLICITADA…”
El silencio cómplice de Riestra
Y mientras Sarmiento enfrenta este episodio judicial, el PAN poblano parece haber entrado en modo avión.
Su dirigente estatal, Mario Riestra, no ha salido públicamente —hasta ahora— a encabezar una defensa política de quien fuera presidente municipal de Cuautlancingo.
Ni conferencia.
Ni posicionamiento contundente.
Ni aquel clásico “no está solo”.
Nada.
Tal vez en el PAN descubrieron que la mejor defensa política es no decir absolutamente nada.
Una estrategia revolucionaria: si no hablamos del problema, quizá el problema se canse y se vaya.
El inconveniente es que los expedientes judiciales no funcionan con esa lógica.
La ausencia pública de Sarmiento tampoco pasa desapercibida.
Su última publicación identificada en Facebook corresponde al 30 de agosto. Después, poco o nada.
No hay información pública suficiente para afirmar dónde se encuentra actualmente.
Y quizá eso explique la escasa actividad pública.
O quizá no.
Lo único cierto es que, mientras el exalcalde guarda distancia del reflector, sus asuntos siguen caminando por otras vías: las judiciales y las fiscalizadoras.
Porque los expedientes tienen una mala costumbre: no necesitan publicaciones de Facebook para seguir avanzando.
Los números llaman la atención por sí solos:
192.1 millones de pesos correspondientes a 2022.
145.9 millones de 2023.
Y aproximadamente 228 millones de pesos de 2024.
Son cifras derivadas de observaciones y posibles daños patrimoniales señalados por el órgano fiscalizador.
No estamos hablando de monedas perdidas entre los cojines del sofá.
Son cientos de millones de pesos que están bajo revisión. Y eso, políticamente, debería ameritar algo más que silencio.
Lo verdaderamente curioso es que, en política, los aliados suelen aparecer cuando hay micrófonos, cámaras y posibilidades de presumir cercanía.
Cuando llegan los problemas, la fotografía cambia.
Y en este caso, Riestra no parece tener demasiada prisa por posar junto a Sarmiento.
Quizá sea distancia.
Quizá sea complicidad.
Quizá sea aquello de que cada quien debe cargar con su propia cruz.
Así que la pregunta ya no es solamente qué ocurrirá con el amparo.
La pregunta política es otra:
¿Será que Filomeno Sarmiento está enfrentando sus problemas solo porque así debe ser… o porque sus propios aliados ya decidieron que es mejor no aparecer en la fotografía?
Porque en política hay silencios prudentes.
Y también hay silencios que parecen abandono.
Este último, por lo visto, empieza a sonar bastante fuerte.

