Retórica
Por Alberto Rocha Vázquez
Hay
políticos que gobiernan con resultados y hay quienes gobiernan con anuncios. Y
en Puebla capital empieza a crecer una pregunta obligada e incómoda: ¿en cuál de los
dos grupos quiere estar Pepe Chedraui?
Porque
mientras el alcalde presume una inversión privada de más de 4 mil millones
de pesos de Grupo Carso para el proyecto de Paseo San Francisco, con
alrededor de 700 viviendas, comercios y otros espacios, en las calles de la
ciudad persisten problemas que no se resuelven con renders ni conferencias de
prensa.
Chedraui
ha dicho que nadie será obligado a dejar su vivienda y que el proyecto es entre
particulares. También ha defendido que la inversión responde al llamado de la
presidenta Claudia Sheinbaum, para que los empresarios inviertan en distintas
regiones del país.
Perfecto.
Pero la
pregunta ciudadana es otra:
¿Y qué
pasa con la ciudad que ya existe?
Porque
antes de hablar de una transformación histórica del Centro Histórico habría que
voltear a ver el Centro Histórico real: ambulantaje que continúa ocupando
calles pese a los operativos municipales, problemas de orden urbano y una
percepción de inseguridad que sigue siendo extraordinariamente elevada.
Un
recorrido periodístico de finales de septiembre documentó que los ambulantes
continuaban instalándose en arterias como las calles 4 Oriente, 8 Oriente y 12
Poniente, pese a los operativos de Gobernación municipal.
Y en
materia de seguridad tampoco hay mucho espacio para echar las campanas al vuelo.
De
acuerdo con la ENSU de INEGI, 81.3% de la población adulta de Puebla capital
manifestó sentirse insegura en junio de 2026. El Ayuntamiento Capitalino puede
presumir operativos, programas de prevención y hasta una reducción de ciertos
indicadores, pero la percepción ciudadana sigue siendo uno de los principales
pendientes de la administración.
Ese es
precisamente el punto.
Un
gobierno no se evalúa únicamente por lo que anuncia, sino por lo que la gente
experimenta todos los días.
Y ahí
aparecen los baches, la basura, los problemas de servicios, el ambulantaje, prostitución, el
deterioro de algunas zonas, la inseguridad y las quejas ciudadanas.
El propio
gobierno municipal presume haber atendido 433 mil 950 baches desde el
inicio de la administración hasta agosto de 2026. La cifra es enorme, pero
también revela la dimensión del problema vial que enfrenta la capital.
Por eso
resulta inevitable comparar discursos.
Por un
lado, se presenta un proyecto inmobiliario de miles de millones de pesos como
una oportunidad para transformar una zona estratégica de la ciudad.
Por el
otro, todavía hay poblanos preguntándose cuándo llegará una transformación
profunda a sus colonias, barrios y juntas auxiliares.
Y aquí
aparece una palabra que debe manejarse con cuidado: mitomanía.
No porque
corresponda afirmar, que Pepe Chedraui sea un mitómano, sino
porque sus críticos tienen elementos para preguntarse si existe una distancia
cada vez mayor entre lo que se anuncia desde Palacio Municipal y lo que la
ciudadanía observa en las calles.
Eso sí
puede debatirse.
Y se debe
debatir.
Porque
una cosa es anunciar una inversión privada y otra muy distinta es demostrar que
esa inversión resolverá los problemas históricos de la zona, que no provocará
desplazamiento de habitantes, que respetará el patrimonio y que sus beneficios
serán realmente compartidos.
Slim por su lado, ha
señalado que el proyecto será desarrollado en coordinación con el INAH y
conforme a las normas aplicables. Por su parte, Chedraui sostiene que no habrá
desalojo de familias y que la intervención permitirá incrementar la plusvalía
de la zona.
Entonces
habrá que esperar los permisos, los estudios, el proyecto ejecutivo y las
condiciones concretas.
Porque un
anuncio no es una obra.
Un render
no es una transformación.
Y una
inversión privada tampoco sustituye la responsabilidad cotidiana de un
Ayuntamiento.
También
resulta legítimo preguntar por la transparencia del proceso: ¿cómo se
estructuró la participación privada?, ¿qué autorizaciones deberá obtener?, ¿qué
compromisos adquiere el desarrollador?, ¿qué beneficios concretos recibirá la
ciudad?, ¿qué mecanismos existirán para proteger a los habitantes de los
barrios fundacionales?, ¿y cómo se garantizará que la regeneración urbana no
termine convirtiéndose en desplazamiento urbano?
Esas
preguntas no son ataques. Que conste.
Son
preguntas de la ciudadanía.
Y si el
proyecto pretende ser verdaderamente histórico, tendrá que soportar el
escrutinio público.
Porque
mientras Carlos Slim anuncia 4 mil millones de pesos para Paseo San Francisco,
la administración de Pepe Chedraui todavía tiene enfrente una agenda municipal
mucho más amplia: seguridad, ordenamiento del Centro Histórico, servicios
públicos, movilidad, infraestructura y atención a las colonias populares.
Y sobre
todo, tiene que demostrar que puede gobernar la ciudad que ya existe antes de
prometer la ciudad que todavía está en los renders.
Por eso
la discusión no debería ser si Pepe Chedraui es o no un “mitómano”.
La
pregunta verdaderamente importante es mucho más sencilla:
¿Cuánto
de lo que promete el alcalde se está convirtiendo realmente en resultados para
los poblanos? Y ahí entra la enorme duda, si así como prometió cambios en la capital poblana y no ha cumplido, también cumplirá con que no habrá poblanos desplazados por la gentrificación y el elevado costo de vida que se registra en cada metrópoli en la que se han hecho este tipo de inversiones.
Ahí está
el verdadero juicio.
Y ese
juicio no lo dictan las conferencias de prensa.
Lo dictan
las calles.
