Congreso congelado: cobrar sí, legislar no


 

Retórica

Congreso congelado: cobrar sí, legislar no

ALBERTO ROCHA VÁZQUEZ

En el Congreso del Estado de Puebla hay una realidad que incomoda, pero que no puede seguir maquillándose: hay diputados que simplemente no están legislando.

Mientras perciben un salario mensual de 56 mil 421 pesos —sin contar los beneficios adicionales como el llamado “cochinito legislativo”— existen comisiones enteras que, en año y medio de trabajo, no han aprobado ni una sola iniciativa. Ni una.

El problema no es menor. De las 36 comisiones legislativas, 10 arrastran un rezago total, acumulando 142 iniciativas congeladas. Esto representa el 10.8% de las mil 315 propuestas que duermen el sueño de los justos en el Congreso poblano.

Pero más allá de los números, lo verdaderamente preocupante es el mensaje: hay representación popular sin resultados. Información que encontró MTP Noticias.

Las comisiones de Desarrollo Rural, Derechos Humanos, Atención a Personas con Discapacidad, Pueblos Indígenas, Bienestar, Vigilancia de la Auditoría Superior, Agenda 2030, Participación Ciudadana, Migración y Organizaciones No Gubernamentales no han logrado dictaminar una sola propuesta. Algunas de ellas, incluso, con más de 30 iniciativas pendientes.

Es decir, no es falta de trabajo legislativo… es falta de voluntad para concretarlo.

Porque iniciativas hay. Y son relevantes. Desde la nueva Ley Pecuaria, que busca actualizar el marco legal del campo poblano, hasta la Ley de Participación Ciudadana, que podría abrir mecanismos como el plebiscito o la revocación de mandato. Propuestas que podrían impactar directamente en la vida pública del estado están detenidas por la inacción.

Ante la evidencia, la respuesta no se hizo esperar. El diputado Pável Gaspar Ramírez aseguró que “eso no significa que no trabajen”. Argumentando que existen mesas de diálogo, trabajo en territorio y coordinación con órganos técnicos.

Mientras que durante toda la Semana Santa, se dedicó a hacer campaña de manera descarada en Izúcar de Matamoros, utilizando recursos del propio poder legislativo.

Pero aquí hay una verdad incómoda: en política, lo que no se traduce en resultados, simplemente no cuenta.

El trabajo legislativo no se mide por reuniones, ni por discursos, ni por intenciones. Se mide por dictámenes, por leyes aprobadas, por cambios concretos. Y en ese rubro, estas comisiones están en ceros.

El riesgo de normalizar esta ineficiencia es alto. Porque mientras los diputados justifican procesos internos, el rezago crece y la agenda pública se paraliza. La ciudadanía no eligió gestores de mesas de diálogo; eligió legisladores.

Y legislar implica decidir.

Hoy, el Congreso de Puebla enfrenta algo más grave que un rezago administrativo: enfrenta una crisis de productividad y credibilidad. Porque cuando hay sueldos puntuales pero resultados inexistentes, lo que está en juego no es solo la eficiencia institucional, sino la confianza pública.

La pregunta es inevitable: ¿hasta cuándo se seguirá pagando por no legislar?



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