¿Todo se volvió un caos?
Alejandro Mario Fonseca
La
escena sucedió dos semanas antes de las elecciones del 1 de julio del 2018. Se
festejaba el cumpleaños del patriarca de una familia adinerada. Él, hombre de
negocios sin educación formal había amasado una gran fortuna en la industria de
la construcción.
Sus dos
hijos varones aunque habían estudiado en universidades privadas, carecían de
vocación empresarial, pero gozaban de buenos puestos en las empresas de su
padre y en el gobierno, también por recomendación de su padre.
También
tenía dos hijas, una casada con un ingeniero de familia modesta pero muy
trabajador, era el brazo derecho del patriarca y mantenía sus empresas con muy
buenos resultados financieros. La segunda hija era divorciada con dos hijos y
vivía con sus padres.
En la
sobre mesa de la fiesta salió a colación el tema de las elecciones. Tanto los
hijos como las hijas hablaron del peligro de que López Obrador llegara a la
presidencia. La hija menor hasta lloró y le rogó a su padre que si ganaba AMLO
se fueran a vivir al extranjero porque perderían la fortuna familiar.
Hasta el
final el patriarca habló con calma y los tranquilizó. Les explico a sus hijos
que si AMLO ganaba iba a haber más proyectos de construcción y más trabajo, que
no había nada que temer. Además de rico era un hombre sabio.
Pluto de
Aristófanes
Esta
escena me recordó una obra de teatro que vi hace muchos años creo que en el Foro
Isabelino de la UNAM. Acabo de releerla para escribir esta nota: Pluto una comedia escrita hacia
el 380 a. C. por el autor griego Aristófanes.
Pluto es el dios ciego de la riqueza, y como
la mayoría de sus obras, Aristófanes hace una sátira política de
la Atenas de la época que incluye un maestro ingenuo, un esclavo
insubordinado y muchos ataques a la moral de entonces.
El maestro Cremilo es un anciano ciudadano ateniense que
se ve a sí mismo y a su familia como virtuosos pero pobres. Está preocupado por
ello y pide consejo a un oráculo. El oráculo le recomienda seguir al primer
hombre con el que se encuentre y convencerle de que le acompañe a su casa. Este
hombre resulta ser el dios Pluto.
La primera parte de la obra examina cómo la riqueza no es
repartida entre los virtuosos, ni necesariamente entre los no virtuosos, sino que
es distribuida al azar. Cremilo está convencido de que si se restituyera la
vista a Pluto, estos errores podrían
rectificarse y el mundo sería un lugar mejor.
La segunda parte presenta alegóricamente a la diosa Pobreza,
quien refuta el razonamiento de Cremilo de que es mejor ser rico, argumentando
que sin pobreza no habría esclavos (pues todos ellos podrían comprar su
libertad) ni tampoco comidas o bienes lujosos (pues nadie trabajaría si todos
fueran ricos).
Finalmente, se muestra a Pluto
con su vista sanada. Pluto da riquezas a algunos y se las quita a los que ve
que no son virtuosos. Esto hace que surjan comentarios rencorosos y clamores de
injusticia por parte de los que han perdido sus riquezas: todo se vuelve un
caos.
Aristófanes el poeta de
la política
El autor griego nos proporciona, en clave de comedia, los
elementos necesarios para entender la sociedad ateniense del siglo V y el
proceso político que se estaba produciendo en la Atenas de Pericles.
El siglo V antes de Cristo, es el Siglo de Pericles, término acuñado al período de
la historia de Atenas en el que alcanzaron su apogeo diversas
manifestaciones culturales.
Pericles, el estratega, el político y el orador ateniense, supo rodearse de las
personalidades más destacadas de su tiempo: políticos, filósofos, arquitectos,
historiadores, poetas, etc.
Fomentó las artes y las letras y dio a Atenas un
esplendor que no se repitió a lo largo de su historia. Realizó también grandes
obras públicas y mejoró la calidad de vida de sus ciudadanos.
Pero regresando a Pluto,
la obra se habría representado ante los dirigentes atenienses de la época. Casi
todos ellos habrían sido ricos, y muchos nada virtuosos. Aristófanes guarda
deliberadamente para ellos sus más mordaces ataques.
Leyendo a Aristófanes es posible hacerse una idea de las
intensas discusiones ideológicas (políticas, filosóficas, económicas y
literarias) en la Atenas de aquella época.
Aristófanes era conservador, defendía la validez de los
tradicionales mitos religiosos y se mostró reacio ante cualquier nueva doctrina
filosófica. A Sócrates lo veía como un demagogo dedicado a inculcar todo tipo
de insensateces en las mentes de los jóvenes.
El dios Pluto mexicano
Sin embargo Pluto
de Aristófanes resulta sumamente esclarecedor de lo que sucede en la actual
transición política que estamos viviendo los mexicanos. No, no necesitamos que el dios de la riqueza
recupere completamente la vista, con que recupere un sólo ojo nos daremos por
bien servidos.
Y es que en México desde hace más de 40 años Pluto además de perder la vista,
también perdió la razón. Desde el gobierno de Echeverría, pero sobre todo desde
el de López Portillo, la riqueza ha beneficiado a los que menos se la merecen.
No digo que todos, pero sí muchos empresarios se enriquecieron
gracias a sus vínculos con los malos gobiernos. Y la situación se agravó con el
neoliberalismo de Salinas de Gortari. De manera irracional se desmanteló el
raquítico Estado de Bienestar a la mexicana que tanto tiempo y sacrificios
había costado construir.
Además, los más beneficiados resultaron ser los malos
gobernantes y políticos que de la noche a la mañana amasaron inmensas fortunas;
incluidos líderes sindicales y jefes de clientelas de todo tipo,
permisionarios, ambulantes, taxistas, chayoteros de los medios de comunicación
y un largo etcétera. Con la irrupción del crimen organizado en la política,
todo empeoró.
Así que los mexicanos no le pedimos al dios Pluto que recupere completamente la
vista, pero sí que recupere la razón. Hay que devolverle racionalidad al
sistema político mexicano, pero no para que todos los mexicanos nos volvamos
ricos, sería una estúpida ilusión, sino para que haya trabajo digno bien
remunerado y para que desaparezca la pobreza extrema, es decir la miseria.
La 4 T (primero de AMLO y ahora de Sheinbaum) ganó y ahora los
juniors y los pirrurris mexicanos siguen asustados. Sin embargo, no han huido
del país. Lo que ahora están obligados a hacer es ponerse a estudiar y a trabajar
para convertirse en buenos empresarios: en empresarios modernos.
Los que votamos por hartazgo debemos dar paso a la esperanza.
Y lo que estamos viviendo es el combate frontal a la corrupción, la impunidad,
la violencia y la miseria.
