Culiacán, Sinaloa.– Lo que parecía ser el regreso definitivo de Rubén Rocha Moya a la gubernatura de Sinaloa terminó convirtiéndose en uno de los episodios políticos más breves y controversiales de la administración estatal.
Después de permanecer 112 días separado del cargo, el mandatario sinaloense anunció el viernes 21 de agosto su reincorporación al Poder Ejecutivo estatal, argumentando que las investigaciones en su contra no habían encontrado elementos suficientes para acreditar alguna conducta delictiva.
La decisión ocurrió luego de que Rocha Moya permaneciera en licencia desde el pasado 1 de mayo, periodo durante el cual Yeraldine Bonilla Valverde estuvo al frente del gobierno estatal como gobernadora interina. El propio Gobierno de Sinaloa informó que, una vez concluida la licencia, Rocha retomó sus funciones y encabezó una reunión con integrantes de su gabinete.
En su regreso, Rocha Moya sostuvo que durante su separación del cargo buscó evitar cualquier interferencia en los procesos de investigación y afirmó que la Fiscalía General de la República no encontró elementos mínimos que sustentaran una acusación penal en su contra.
“Hoy estoy de regreso”, señaló el gobernador al anunciar su reincorporación. También aseguró que volvía “con la frente limpia y en alto”.
Un regreso sin respaldo político
Sin embargo, la reincorporación de Rocha Moya provocó una inmediata reacción dentro de Morena y del Gobierno federal.
La Secretaría de Gobernación aclaró que la decisión de regresar al cargo había sido de carácter personal, mientras que Morena también se deslindó de la determinación del mandatario sinaloense. La presidenta Claudia Sheinbaum y gobernadores de la llamada Cuarta Transformación marcaron distancia frente a la decisión.
El episodio ocurrió además en medio de investigaciones y señalamientos relacionados con presuntos vínculos con una facción del Cártel de Sinaloa, acusaciones que Rocha Moya ha rechazado de manera categórica. Las indagatorias en México continuaban abiertas.
Apenas 34 horas después, otra licencia
El desenlace fue todavía más sorpresivo.
Luego de reincorporarse el viernes 21 de agosto, Rocha Moya solicitó nuevamente licencia para separarse del cargo, esta vez por tiempo indefinido.
La Diputación Permanente del Congreso de Sinaloa aprobó la solicitud por unanimidad, dejando sin efecto la breve reincorporación del gobernador. El Congreso se preparó entonces para definir a un gobernador interino que asumiera nuevamente las funciones del Ejecutivo estatal.
De acuerdo con reportes periodísticos, entre su regreso y la nueva solicitud de licencia transcurrieron aproximadamente 34 horas, convirtiendo su retorno en uno de los episodios más fugaces de la política estatal reciente.
Un episodio que exhibe la crisis política en Sinaloa
El caso dejó al descubierto una profunda tensión política alrededor de la figura de Rocha Moya.
Su regreso, realizado sin el respaldo público de Morena ni del Gobierno federal, generó una rápida reacción de figuras del oficialismo, que cerraron filas en torno a la presidenta Claudia Sheinbaum y marcaron distancia respecto de la decisión del mandatario sinaloense.
Finalmente, lo que Rocha Moya presentó como un regreso para retomar el mandato constitucional terminó apenas unas horas después con una nueva licencia.
112 días fuera del cargo, 34 horas de regreso y nuevamente separado de la gubernatura.
Un episodio que deja abierta una pregunta política de fondo: ¿qué motivó realmente el regreso de Rocha Moya y qué ocurrió para que tuviera que abandonar nuevamente el cargo apenas un día después?
Mientras el Congreso de Sinaloa define quién asumirá la gubernatura interina, el caso Rocha Moya continúa generando incertidumbre política y nuevas interrogantes sobre el futuro del estado.
