Movimiento Ciudadano Puebla: del discurso ciudadano al refugio de hampones


Retórica 

Movimiento Ciudadano Puebla: del discurso ciudadano al refugio de hampones

Alberto Rocha Vázquez

Movimiento Ciudadano llegó al país y a Puebla vendiéndose como una alternativa distinta, un espacio para los ciudadanos cansados de los partidos tradicionales. Sin embargo, hoy el propio partido enfrenta una de sus crisis de credibilidad más severas, y lo más preocupante es que las críticas ya no provienen de la oposición, sino desde sus propias filas.

Las recientes declaraciones de la regidora de Puebla Capital Teté Ortiz son una señal de alarma que no puede minimizarse. Cuando una militante denuncia públicamente que la dirigencia está abriendo las puertas a perfiles sin trayectoria comprobable e incluso advierte sobre posibles vínculos con grupos criminales, el problema deja de ser un simple conflicto interno y se convierte en un asunto de interés público.

La llegada de Néstor Camarillo a la órbita naranja representa precisamente esa contradicción que tanto ha lastimado a la política mexicana. ¿No era Movimiento Ciudadano el partido que prometía romper con las viejas prácticas? ¿No era la opción para quienes rechazaban el reciclaje de políticos provenientes de los mismos grupos que durante décadas gobernaron el estado? Hoy parece que la urgencia por crecer electoralmente está pesando más que la congruencia.

Pero el problema va mucho más allá de una candidatura. Lo verdaderamente delicado es el contexto nacional y estatal que rodea al partido. Los escándalos relacionados con alcaldes emanados de MC señalados por presuntos vínculos con actividades criminales han colocado al movimiento bajo una lupa incómoda. Cuando aparecen casos como los de los hermanos González Vieyra o los señalamientos alrededor de personajes ligados al huachicol, la narrativa de "somos diferentes" comienza a derrumbarse.

La pregunta es inevitable: ¿quién está revisando los antecedentes de quienes llegan al partido?

La respuesta parece ser nadie, o al menos no con el rigor necesario. Y si eso es cierto, la dirigencia estatal encabezada por Fedrha Suriano tendrá que asumir la responsabilidad política de las consecuencias. Porque abrir indiscriminadamente las puertas para sumar estructuras puede generar crecimiento momentáneo, pero también puede terminar contaminando la identidad de un proyecto político.

Mientras tanto, en Cuautlancingo también comienzan a aparecer señales de que la vieja política se resiste a desaparecer. La inauguración de la "Casa de México con Valores" de Guillermo Huitzil reunió a diversos actores políticos, pero llamó la atención la ausencia de figuras como Evelyn Camela, Armando Mexicano Ramírez y Evander Barrera. Más allá del acto protocolario, la lectura política apunta a algo más profundo: el intento fallido por un partido con serias fracturas y que se quedará con las ganas de construir una plataforma rumbo al 2027.

Aunque Guillermo Huitzil ha intentado deslindarse de Filomeno Sarmiento, son muchos los que observan su proyecto como una posible extensión política del exalcalde conocido como "El Varguitas". En los pasillos políticos de Cuautlancingo crece la percepción de que detrás de ciertos movimientos existe la intención de recuperar el control del municipio por vías alternas, utilizando “nuevos rostros” para mantener viejas estructuras de poder.

Y es justamente ahí donde surge otro problema para los ciudadanos. Puebla parece entrar nuevamente en una etapa donde los proyectos políticos se construyen alrededor de grupos, intereses y cálculos electorales, en lugar de propuestas claras de gobierno. Los nombres cambian, los colores cambian, pero los operadores siguen siendo los mismos.

Pues por otro lado, la disputa por la candidatura de Puebla capital exhibe otro síntoma preocupante: la falta de rumbo. Un día se anuncian aspiraciones, al siguiente se reculan. Un día se presume unidad y al otro se evidencian fracturas. El mensaje para los ciudadanos es de improvisación e incertidumbre.

Lo paradójico es que las voces más críticas provienen de quienes construyeron el partido desde abajo. Regidoras, liderazgos territoriales y militantes que apostaron por un proyecto ciudadano ahora observan cómo ese espacio se llena de personajes que representan exactamente aquello que decían combatir.

Movimiento Ciudadano todavía está a tiempo de corregir el rumbo rumbo a 2027. Pero si continúa privilegiando la cantidad sobre la calidad de sus perfiles, corre el riesgo de convertirse en un refugio para políticos desplazados de otros partidos y, peor aún, en un vehículo para intereses que nada tienen que ver con la ciudadanía.

Porque cuando un partido pierde su identidad, lo único que le queda es el color de su logotipo. Y eso, por sí solo, no gana la confianza de los ciudadanos.

La verdadera pregunta para Puebla no es quién levantará la mano primero para el 2027. La pregunta es quién podrá convencer a los ciudadanos de que realmente representa algo diferente.

Y todavía falta ver lo que ocurrirá en San Pedro Cholula, en donde en la pasada elección se llevó muchos más votos de los esperados, pero por las formas oscas y hasta tontas de el “Chawaro”, también evidencia una clara fractura dentro de ese grupo que lo hizo ver como una verdadera opción para las y los cholultecas.

Pero esa historia la daremos a conocer muy pronto.



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