Retórica
ACATLÁN: EL
MOMENTO DE LA VERDAD PARA ARMENTA
Por años, los
poblanos han escuchado el mismo discurso de todos los gobiernos: combate a la
corrupción, cercanía con la gente, transparencia y cero tolerancia a los abusos
del poder. Sin embargo, las palabras solo tienen valor cuando llegan los momentos
incómodos, cuando se debe actuar contra los propios y no únicamente contra los
adversarios.
Hoy, Acatlán
de Osorio se ha convertido en una prueba de fuego para el gobierno estatal y
para Morena.
La solicitud
de revocación de mandato contra la alcaldesa Guadalupe Lucero Bárcenas ya llegó
al Congreso del Estado y será a partir de este 25 de junio que iniciará un procedimiento
que podría derivar en una de las decisiones políticas más relevantes para
Puebla en lo que va de la administración municipal.
El caso no
surge de la nada.
Durante meses
se han acumulado señalamientos, inconformidades ciudadanas, denuncias por falta
de transparencia, cuestionamientos sobre el manejo de los recursos públicos y
una creciente percepción de lejanía entre el gobierno municipal y los
ciudadanos.
A ello se
suman las críticas generadas por la difusión de imágenes donde la alcaldesa
aparece utilizando prendas de lujo cuyo costo contrasta con la realidad que
viven miles de habitantes de Acatlán, un municipio que sigue enfrentando
rezagos en infraestructura, servicios públicos y seguridad.
Quizá el
problema no sean las prendas sumamente lujosas, como aquel vestido Alexander
McQueen cuyo valor es de entre 43 mil y 50 mil pesos, que una ocasión presumió.
Quizá el
verdadero problema sea el mensaje.
Porque
mientras los ciudadanos exigen respuestas sobre obras, seguridad, transparencia
y rendición de cuentas, la imagen que proyecta el gobierno municipal parece
caminar en sentido contrario.
Más delicado
aún resulta el señalamiento sobre un presunto incremento salarial de la
presidenta municipal. Aunque corresponde a las autoridades determinar la
veracidad y legalidad de esta información, el simple hecho de que exista esa
percepción en la ciudadanía refleja una profunda crisis de confianza.
La política
no solamente consiste en actuar correctamente; también implica evitar todo
aquello que genere sospechas legítimas entre la población.
Y como si el
escenario no fuera suficientemente complejo, la reciente aparición de la
alcaldesa frente a los manifestantes instalados en la explanada municipal fue
interpretada por muchos ciudadanos como una provocación innecesaria.
Cuando un
gobierno enfrenta una crisis de gobernabilidad, la soberbia suele ser el peor
consejero.
Por eso el
proceso que iniciará el Congreso no debe convertirse en una simulación ni en
una negociación política.
Los diputados
–sobre todo de oposición- tienen la
obligación de revisar a fondo cada prueba, cada señalamiento y cada documento.
Si no existen elementos suficientes, deberán decirlo con claridad. Pero si las
evidencias evidencian responsabilidades, tendrán que actuar sin cálculos
electorales ni protección partidista.
La sociedad
está cansada de expedientes que se congelan, investigaciones que nunca
concluyen y funcionarios que encuentran refugio en los acuerdos políticos.
Y aquí es
donde aparece el gobernador Alejandro Armenta.
Desde el
inicio de su administración ha construido un discurso basado en el combate a la
corrupción, la cercanía con la ciudadanía y la exigencia de resultados a los
servidores públicos.
Hoy tiene frente
a sí una oportunidad inmejorable para demostrar que ese discurso no es
solamente una narrativa de campaña.
Porque el
mensaje que se envíe desde Acatlán será escuchado en los 217 municipios del
estado.
Si existe
impunidad, todos los alcaldes entenderán que nada ha cambiado.
Si existe una
investigación seria, objetiva y sin favoritismos, todos entenderán que los
tiempos son distintos.
Los poblanos
no esperan linchamientos políticos ni sentencias anticipadas. Lo que exigen es
algo mucho más simple: que la ley se aplique igual para todos.
Acatlán no
necesita más confrontación.
Necesita
respuestas.
Y Puebla
necesita saber si la lucha contra la corrupción es una convicción de gobierno o
simplemente otro eslogan que terminará archivado junto con los expedientes
incómodos.
Hoy más que nunca es menester un manotazo en la mesa.

