ACATLÁN: EL MOMENTO DE LA VERDAD PARA ARMENTA


Retórica 

ACATLÁN: EL MOMENTO DE LA VERDAD PARA ARMENTA

 Alberto Rocha Vázquez

Por años, los poblanos han escuchado el mismo discurso de todos los gobiernos: combate a la corrupción, cercanía con la gente, transparencia y cero tolerancia a los abusos del poder. Sin embargo, las palabras solo tienen valor cuando llegan los momentos incómodos, cuando se debe actuar contra los propios y no únicamente contra los adversarios.

Hoy, Acatlán de Osorio se ha convertido en una prueba de fuego para el gobierno estatal y para Morena.

La solicitud de revocación de mandato contra la alcaldesa Guadalupe Lucero Bárcenas ya llegó al Congreso del Estado y será a partir de este 25 de junio que iniciará un procedimiento que podría derivar en una de las decisiones políticas más relevantes para Puebla en lo que va de la administración municipal.

El caso no surge de la nada.

Durante meses se han acumulado señalamientos, inconformidades ciudadanas, denuncias por falta de transparencia, cuestionamientos sobre el manejo de los recursos públicos y una creciente percepción de lejanía entre el gobierno municipal y los ciudadanos.

A ello se suman las críticas generadas por la difusión de imágenes donde la alcaldesa aparece utilizando prendas de lujo cuyo costo contrasta con la realidad que viven miles de habitantes de Acatlán, un municipio que sigue enfrentando rezagos en infraestructura, servicios públicos y seguridad.

Quizá el problema no sean las prendas sumamente lujosas, como aquel vestido Alexander McQueen cuyo valor es de entre 43 mil y 50 mil pesos, que una ocasión presumió.

Quizá el verdadero problema sea el mensaje.

Porque mientras los ciudadanos exigen respuestas sobre obras, seguridad, transparencia y rendición de cuentas, la imagen que proyecta el gobierno municipal parece caminar en sentido contrario.

Más delicado aún resulta el señalamiento sobre un presunto incremento salarial de la presidenta municipal. Aunque corresponde a las autoridades determinar la veracidad y legalidad de esta información, el simple hecho de que exista esa percepción en la ciudadanía refleja una profunda crisis de confianza.

La política no solamente consiste en actuar correctamente; también implica evitar todo aquello que genere sospechas legítimas entre la población.

Y como si el escenario no fuera suficientemente complejo, la reciente aparición de la alcaldesa frente a los manifestantes instalados en la explanada municipal fue interpretada por muchos ciudadanos como una provocación innecesaria.

Cuando un gobierno enfrenta una crisis de gobernabilidad, la soberbia suele ser el peor consejero.

Por eso el proceso que iniciará el Congreso no debe convertirse en una simulación ni en una negociación política.

Los diputados –sobre todo de oposición-  tienen la obligación de revisar a fondo cada prueba, cada señalamiento y cada documento. Si no existen elementos suficientes, deberán decirlo con claridad. Pero si las evidencias evidencian responsabilidades, tendrán que actuar sin cálculos electorales ni protección partidista.

La sociedad está cansada de expedientes que se congelan, investigaciones que nunca concluyen y funcionarios que encuentran refugio en los acuerdos políticos.

Y aquí es donde aparece el gobernador Alejandro Armenta.

Desde el inicio de su administración ha construido un discurso basado en el combate a la corrupción, la cercanía con la ciudadanía y la exigencia de resultados a los servidores públicos.

Hoy tiene frente a sí una oportunidad inmejorable para demostrar que ese discurso no es solamente una narrativa de campaña.

Porque el mensaje que se envíe desde Acatlán será escuchado en los 217 municipios del estado.

Si existe impunidad, todos los alcaldes entenderán que nada ha cambiado.

Si existe una investigación seria, objetiva y sin favoritismos, todos entenderán que los tiempos son distintos.

Los poblanos no esperan linchamientos políticos ni sentencias anticipadas. Lo que exigen es algo mucho más simple: que la ley se aplique igual para todos.

Acatlán no necesita más confrontación.

Necesita respuestas.

Y Puebla necesita saber si la lucha contra la corrupción es una convicción de gobierno o simplemente otro eslogan que terminará archivado junto con los expedientes incómodos.

Hoy más que nunca es menester un manotazo en la mesa.



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