Oportunidad de oro
para limpiar Morena
Alejandro Mario
Fonseca
Yo soy yo y mi
circunstancia (Ortega y Gasset)
Cuando yo era muy
joven, por allá a fines de los años sesenta, vivía en Tlatelolco, en la ciudad
de México. Mis padres se habían ido a vivir a Guadalajara para buscar un mejor
clima que ayudara a mi madre en su combate al cáncer de pulmón debido al consumo
de tabaco.
Así que nos
dejaron, a mi hermano Toño y a mí, un departamento para que continuáramos
nuestros estudios en la UNAM. Era la época de la liberación sexual (ya se había
inventado la píldora anticonceptiva), del marxismo, la literatura y el cine de
arte, pero también de los jipis, del amor y paz, del rock and rol y de la
marihuana.
Me acuerdo muy bien
que la marihuana vino del norte, la consumían de manera cotidiana estudiantes,
que vivían en departamentos pagados por sus padres en Tlatelolco, eran de clase
media alta y alta que venían de Tijuana, de Culiacán, Ensenada y otras ciudades
de la frontera. Algunos de ellos la conseguían en cantidades regulares y la
revendían.
También la vendían
policías, soldados, estudiantes de arte y adictos que vivían o pernoctaban en
los cuartos de las azoteas de los edificios. Sobre todo, en las fiestas, que
llamábamos tardeadas o tocadas, se consumía, aunque no de manera generalizada.
No recuerdo haber visto nunca actos violentos relacionados con el consumo de la
hierba; al contrario, los fumadores eran muy tranquilos, incluso demasiado
tranquilos.
A la vuelta de
medio siglo la marihuana se convirtió en la droga más popular en nuestro país.
No tengo a la mano estadísticas actualizadas de su consumo, pero no debe ser
muy alto comparado con los Estados
Unidos. No hay porqué escandalizarse, se trata de una “buena noticia”. Los
adictos no son delincuentes, son en todo caso
enfermos: insisto comparado con los Estados unidos.
El problema no está
en la producción, sino en el consumo
Hoy en día el
consumo popular también incluye la metanfetamina (el famoso cristal) que es
super adictivo. Y si antes las producían
y comercializaban un par de organizaciones criminales hoy existen muchas,
grandes medianas y pequeñas. Y es que han proliferado y crecido gracias al
contubernio con algunos gobiernos corruptos, sobre todo en los municipios.
Sin embargo,
insisto, el problema grave es para los Estados Unidos, allá está el gran
consumo, el gran negocio y también los grandes capos y redes financieras
asociadas. El show de Donald Trump culpando a México es mediático: lo que le
interesa es su supervivencia política.
Así, Trump ya
empezó a publicar listas de políticos mexicanos implicados en el negocio del
narcotráfico. Fríamente visto, no se trata de un grave problema para el
gobierno de la presidenta Sheinbaum. Al contrario, se trata de una oportunidad
de oro para limpiar su partido Morena de la herencia maldita del PRI gobierno.
Y otra vez, sin
embargo, el problema de fondo no se va a resolver, hasta que los
norteamericanos hagan algo serio por reducir el consumo, lo que pasa por la
necesaria legalización y control, tanto de la producción como de la
comercialización y consumo.
Sí, el camino de la
legalización es inminente, lo que sigue es su regulación y la atención a los
adictos compulsivos. Lo deseable en México sería que, desde los centros de
salud, desde los DIF municipales se desplegara una campaña paralela de
orientación y atención para la juventud. Hay que ser optimistas. ¡Enhorabuena!
Al parecer el combate al narcotráfico en serio ya empezó.
